Sucumbir Crónico (Fragmento).
A Héctor Alfaro
La soledad nos mira de frente y a los ojos todo el tiempo; estamos tan distraídos creyendo tener eso que llamamos felicidad que no nos fijamos que lo que realmente poseemos con certeza, es eso, la soledad.
En una ocasión escuché citar de la gente grande: “La vida de un hombre acompañado, se recuerda más que al hombre solitario” ¡Pero qué falta de compasión! ¿Y qué hay para los que hemos decidido pasar el resto de la vida solos? Y digo solos, no por decidir no compartirla con alguien más. Si no desde el punto de vista en que ya me he resignado y he caído en cuenta que no hay nada más desasosegante, pero cierto, que la soledad. Y que ella es tan solo un regalo de Dios para encontrarse a sí mismo, y por lo tanto, encontrar a Dios. A ese Dios sin nombre, en el que creo todos los días.
“Morir silenciosamente” eso también dicen de la soledad, postergar lentamente una convalecencia inevitable al toparse de frente con ella. ¡Y qué más da! ¿No es nuestra estancia en este mundo una cronometrada competencia con el tiempo? A eso podría yo llamarle entonces, morir silenciosamente. Compartir con mis colegas mortales el mismo miserable fin.
Estar solo, es simple y más práctico que lo que podemos imaginar. Es morir diariamente para revivir al siguiente día y morir de nuevo. Eso es la soledad.
Noviembre, 2008






excelente!!! la soledad, sin duda, es la mejor compania cuando nos sentimos derrotados y no encontramos la manera de levantarnos cuando de repente estamos en el suelo. Bueno, asi lo veo yo, por que tambien si no aprovechamos esa soledad nos puede llevar al abismo, en un saco que no tiene fondo... un abrazo Faby.
ResponderEliminarUn abrazo de vuelta Ronay! Qué honor que me regale un rato de su tiempo en leer estos textos. La soledad no es más que un ensayo de la vida entera, transforma y toca; después de todo siempre trae cosas buenas, nada es de a gratis.
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