Urbe

La tarde, acribillada de ventanas
flota sobre los hilos del teléfono,
y entre los travesaños inversos de la hora
se cuelgan los adioses de las máquinas.
     Su juventud maravillosa
     estalló una mañana
     entre mis dedos,
     y en el agua vacía
     de los espejos,
     naufragaron los rostros olvidados.
¡Oh la pobre ciudad sindicalista 
     andamiada
de hurras y de gritos!
     Los obreros,
     son rojos
     y amarillos.
Hay un florecimiento de pistolas
después del trampolín de los discursos,
y mientras los pulmones
del viento supuran,
perdida entre los obscuros pasillos de la música
alguna novia blanca se deshoja...

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