Oralidad




Hablemos de hablar, háblame;
hablemos de las palabras, hablemos de la boca,
de aquélla de donde se dislocan las sonrisas;
hablemos de la sonrisa, de la sonrisa filosa que desolla la premisa;
del cinismo carcajeante que corroe la intención y se echa a la bolsa el reclamo escurridizo que la lengua desató antes de que ese ruido sordo se instalase en mi sien.

Hablemos, desatemos los misterios que en mi lengua fugitiva estaban cautivos
cuando en babel no había qué decir más que lo que ya estaba dicho;
palabras que recorrieron el tiempo y me han venido pisando los talones
hasta gritar.

Hablemos del sable sensiblero que es el tiempo,
ése que no perdona el letargo abismal,
de tanto esperar se le reventaron las orejas ,
sus ojos se apagaron para siempre y desde entonces no hay tregua para nadie más.

Hablemos del otro, hablemos de mí,
de ese tipo de animal terrestre que también se arrastra y come polvo,
hablemos de mí, hablemos del otro.

Hablemos de esta soledad que me agobia a diario,
la del ojival que en el pecho me explota;
de la soledad compartida que deambula absorta en la pupila vacía.

Hablemos antes de que llegue el otro
Porque no sé hablar solo;
Hablemos antes de que nos amordace el miedo
y que el llanto nos vuelva mudos; hablemos.




Tuxtla Gutiérrez, 20 de Septiembre 2011.

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