Carta a la Utopía


Mi muy ermitaño y amargado, pero no por eso menos estimado amigo Héctor.

Esta carta, la cual te redacto en el transcurso una madrugada. Ésta en la que sin razón ni aviso, me has dejado sola con la incertidumbre y la pesadez de preguntas sobreabundantes y zozobrantes, donde generalmente te me haces buen adepto interrogante, y por  tanto hoy… muy echado de menos.
Lamento que esta noche no estuvieras en línea para convencerme una vez más de la necesidad  a la que me orillas todos los días para buscar la manera de convencerte de eso a lo que tú consideras imposible. Reitero mi admiración y respeto, sin duda, porque a tu edad puedes ya ser consciente de la sabiduría de la vida y sus atrocidades. Te agradezco de antemano las múltiples veces en que me ayudas a encontrarle respuestas a mis caprichosas preguntas existenciales; donde tu sabia palabra me es de mucho aliento. Pero lamento decirte que has llegado a colmar mi tan limitada paciencia cuando en numerosas ocasiones irónicamente agredes a mi vulnerable percepción del amor, y no sólo mía, sino que cuanta persona enamorada se te ponga enfrente (y no lo digo porque yo lo esté del todo). Tachándolos de ilusos e ignorantes, que no se permiten ver más allá del amor y de la imposibilidad. ¿Pero has visto tú más allá de tu mundo y haz puesto tus ojos en el amor? Recuerdo  cuando en una de las tantas charlas tendidas y bien atizadas con buenas canciones del rock clásico me decías: -“¡Qué va! El amor no existe, y te lo digo yo que he sufrido tanto. El amor no existe, es como Dios, todo mundo afirma que existe, pero no es más que una idea abstracta de un imposible y lejano sueño del que todos necesitamos aceptar para aferrarnos a la vida inútilmente”. Casi me convences amigo. Pero te olvidas que el mundo se caracteriza por ser heterogéneo. Y, desde mi punto de vista, me es muy forzoso exponerte que el hecho de que el amor no llegue a ti, no significa que no esté por ahí buscándote.
Recuerda que nosotros somos lo que pensamos, y tú a pesar de lo que piensas y lo que sabes, no  has entendido que el amor es  un sentimiento que prescinde de nuestros servicios en esta y en la vida en la que estés vacante. No olvides que somos metafóricamente máquinas, parte del sistema. De un sistema que poco a poco nos ha ido insensibilizando, convirtiéndonos en objetos simples de consumo y producción. Hay que creer en el amor. No es sino eso, la única esperanza para diferenciarnos de lo que nos rodea, los objetos inanimados que pululan en nuestro contexto existencial.
Sé que después de esto no pasará mucho, pero para mí ha pasado todo. El amor ante mis ojos existió de nuevo, y no fue más que una carta con la llana razón de encontrarme a mí misma, con el pretexto de ayudar a converger tu espíritu extraviado e intoxicado de filosofía, como dice Sabines. Espero y funcione para ti.
Se despide tu ilusa amiga, que desea de corazón que encuentres a eso que le consideras imposible: el amor. Resulta exasperante para mí exponértelo de esta forma, pero ya llegará el momento en que el amor se exponga solo, frente a tus ojos y entre tus manos…y más que eso. No será anormal que te sientas ignorante. Te tragarás una a una tus palabras y hasta entonces… vivirás.

Fabiola.



Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 29 de Octubre de 2009.

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