Ser mujer ¿Bendición o Maldición?


"Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho,
la eléctrica frontera de la vida”.
Octavio Paz.

Actualmente la población está compuesta en un 6 de cada 10 habitantes, por mujeres. Esa cifra no es asombrosa, ni inquietante. Lo que sí resulta sorprendente es que es este género  el encargado mayoritariamente de las funciones dentro de la sociedad. Su papel es decisivo, es la encargada de concebir (literalmente) el primer núcleo en el que el hombre se desarrolla, es quien influye en la creación, formación y enriquecimiento de la cosmovisión, ética y seguridad que expresa el hombre en su desenvolvimiento e interacción cultural.

Creación – Creadora.
Ser mujer en muchos países denota un sentido despectivo. Ser vulnerable, suprimido, sometido. ¿Cómo puede ser el sinónimo de vida un objeto de abuso y discriminación? Simplemente, la misma sociedad le da pie. Las tres religiones más populares de la tierra tienen como manifiesto la subyugación femenina, la subordinación y marginamiento; culpable de pecado, ingrávida moral, segunda invención, restringida de lo sagrado, maldición.
Prejuicios como éstos han limitado el desarrollo personal de la mujer, así como los laborales, educativos, artísticos y físicos.
Se dice que la mujer es una deidad: porque todos los días es una persona diferente. Es así como justificamos las múltiples facetas en que se desempeña y su sorprendente destreza para manejar cualquiera de ellas, inician en su casa y se proyectan hasta donde su capacidad y las oportunidades se lo permitan. Juega un rol más que importante en los diferentes sectores productivos de los países.


Y peor aún, dejando de ser objetivos para referirnos directamente al sujeto de este ensayo habrá que verla desde dentro:


Desde el primer momento de su vida, la palabra dolor se vuelve inherente al término y género femenino. Escrituras antiguas afirman atribuir a la mujer el desobedecimiento humano y justifica el castigo con el que carga hasta el final de sus días: el dolor.
Y es que ser mujer SÍ DUELE. Duele el verbo y el sujeto de ser, duele vivir, duele al perder la virginidad, duele amar, duele concebir, nos duele cada mes, nos duele todos los días, nos duele a toda hora.


Alegoría de estigma. Tautología popular, y a pesar de eso, callada por todos ¿Dónde está la consciencia? ¿El sentido humano se  transmite en el cordón? Prueba vitalicia.

Mujer, totalidad…
¿Lo que produce un milagro, acaso no es sagrado?
La magia de la luz fue puesta bajo sus costillas, dentro, en su vientre.
Fuimos hechas con palabra en boca y espacio en nuestro cuerpo para la semilla. No hemos sido patentadas, ni traemos al nacer un instructivo, somos más que hormonas y calores, más que pedazos de un hueso supernumerario o la confirmación del racismo en el mundo. Tormento que se consume en sí misma, río, sombra, caminos de fuego sobre agua, tornasol de sensaciones cubiertos de piel de mujer.

Obreras, secretarias, maestras, prostitutas, amas de casa. Materia prima del arte: La musa. Mujer: amiga, madre, ángel y demonio, compañía y soledad, pecado y virtud, vida y muerte ambivalentes.

F. F.

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