Amanecer
Hay una hora en que los ruidos afloran
gota a gota de la nada,
asechando paulatinamente,
extáticos,
extáticos,
rayando la demencia que se padece en las noches
en los cristales del breve espacio
eterno de la quietud,
en los cristales del breve espacio
eterno de la quietud,
hilarantes reminiscencias
como si surgieran de uno mismo,
hasta que despiertas
como si surgieran de uno mismo,
hasta que despiertas
antes de que el sol se tropiece contigo;
a eso aprendí a llamarlo amanecer sin tí.






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