Identidad







"Cuando el pobre se arremanda,
todo el mundo se oscurece"
Crisóstomo Flores
Surge a mediados del siglo XX un estilo que desfalca a los clásicos estándares en cuanto a estructura y estilística de  creaciones narrativas, haciéndolas experimentales, alterativas y particularmente abstractas. Gestionando la regeneración  de la nueva realidad expresamente general, aplicable y vigente hasta nuestros días. Piedra angular: la obra de Juan Rulfo.

Contemporáneos de Rulfo, compartieron y plasmaron las ideas de la realidad, libertad, igualdad, justicia y denuncia que este autor aborda incesantemente en su obra,  Mariano Azuela, Rafael Muñoz, Mauricio Magdaleno, José Revueltas, Ricardo Poza, Andrés Henestrosa, Carlos Pellicer, Emilio Rabasa, Martín Luis Guzmán entre otros. El patrón que se sigue es el tema primordial, la razón de ser: la angustia de incertidumbre, la búsqueda de identidad; meros problemas existenciales propios de los estragos y como resultado de la Revolución Mexicana. Nunca antes la zozobra se había expresado con mayor entereza y riqueza lírica, porque fue escrita desde el fondo, desde donde sólo las entrañas pueden encausar un grito de desesperación evocando  su realidad.

Rulfo en su compilación de cuentos El llano en llamas logra controlar el tiempo. Lo vuelve el arma imprescindible para la realización y objetivo de sus argumentos. Tiene la destreza de detenerlo, manipularlo a su gusto, para situarnos en contextos irreales con acciones verosímiles de sentimientos transitorios.

Personajes con existencia relativa, aislados de todo; visores de ese mundo paralelo e incierto narrado por ellos mismos; que no le temen a la muerte sino que la esperan sentados porque les parece un acontecimiento intrascendente . Son quienes se deslindan de cualquier responsabilidad, limitándose a detallar lo que sienten, lo que ven y  tienen al alcance (función referencial); tomando el lector, esto como única verdad inmediata, pero evitando lanzar juicios valorativos (función metalingüistica). El narrador lleva a cabo una serie de diálogos en segunda persona que termina por suponerse que es un monólogo; interioriza, medita absortamente y acaricia el mutismo entonces, que caracteriza la personalidad del
autor. Ensalzando una verdad que, aunque sólo él supone, de cualquier forma el lector termina por aceptar debido al uso constante de anaforas (desde el sentido de las figuras retóricas) y anadiplosis, de tal forma que se afirme constantemente una idea como si tuviera que concencer a alguien de algo, cuando es a sí mismo a quien se está persuadiendo de hechos exteriores que lo integran y no han sido asimilados; son ellos quienes se encargan de aparcar al tiempo, de estancarlo y restringir su progresión para asegurar su permanencia.


Las imágenes, los espacios, el tiempo; son decisivos  para El Llano en Llamas. Determinan la atmósfera en la que el autor recrea situaciones burdas, impotentes e ingenuas hasta rayar en la pusilanimidad. Desde el punto de vista histórico diríamos que el contexto del autor recrea una especie de representación de la secuela revolucionaria y la guerra cristera que afectó el país; expresando la denuncia con un tono irónico sobre la esperanza de un futuro mejor y el fracaso y desilusión paulatina que despertó en la gente. El sazón inquietantemente fantasmagórico, donde el asombro del lector no tiene límites ante la supresión de verdades perturbadoras, suspensos y hechos que parecen no haber pasado nunca y que a la postre van aflorando uno a uno, destrozando la suposición de una realidad distinta que se crea desde el inicio y que finaliza bruscamente. Los párrafos se postergan, frenan y aceleran con el uso de elipsis y truncamientos. Acontece todo en su espacio pero no se concibe. Pareciera por el contrario que nada acontece, que hubiera un tiempo inalterable, se vuelve intrascendente. El mundo que expresa Juan Rulfo, se torna de un tono sepia maltratado como el tono de sus memorias, las memorias de los personajes que renuncian a abandonar su estado, que se van destiñendo y desgastando como su existencia, pero se arraigan a ella, aceptando sobrevivir en la miserabilidad.


El yo interior que se manifiesta es el que se arriesga a tomar parte del argumento de las historias. El que renuncia a la subjetividad y se atreve a encarar la existencia a través de testimonios secretos en un tiempo que se observa suspendido, se aprehende y se desvanece. Es ese mismo el que se tensa angustiosamente entre la lentitud interna y la violencia y dinamismo interior de la realidad.

Hay dentro de las narraciones de Rulfo un menester de cambio que se refleja, como ya he comentado, en la monotonía obstinada de su argumento. Una esperanza de cambio, un cambio lejano que aguarda incansablemente y retiene a los personajes en el mismo tiempo y los vuelve esperadores eternos y por ellos inmutables. Macario y el deseo de estar con sus padres y huir de casa de su madrina, Luvina y la esperanza de la lluvia y el perdón, Es que somos muy pobres y una segunda oportunidad patrimonial para un futuro; ¡Diles que no me maten! Y Juvencio Nava que es fusilado y perece con la rancia esperanza de redención. 


Algo similar ocurre en Pedro Páramo, pero es aquí donde el autor permite crear una relación con la subjetividad manejada medianamente  El llano en llamas y la explota al máximo, asimismo el surrealismo y el fatalismo. Una subjetividad que se vuelve objetividad y polariza el significado a la generalidad y la conjunción en base a la esencia en suma de sus personajes.


En un momento se pierde el sentido del tiempo, cae en el anacronismo. Rulfo entrelaza o mejor dicho, mezcla las memorias, fragmentos de diversos tiempos de los personajes para esclarecer su intervención en la obra, su función, su percepción y sentir. Transportándonos a épocas y episodios dentro de la memoria del mismo para después perdernos y dejarnos a la deriva en espacios no identificables, sin proximidad alguna. Rulfo a pesar de ese desorden reconstituye la armonía, formando al mismo tiempo un caos de tiempos, rumores y sensaciones que giran en torno a su personaje principal, salvándolo de la confusión y creando una organización magistral de todos los cabos sueltos y de esta forma clarificando la historia, concretando y asimilando las ideas sin tropiezos, recayendo incuestionablemente en el tema principal: la muerte.


Los personajes no viven una relación de retroalimentación o interacción. No hay comunicación directa entre unos y otros, cada quien aprende lo que escucha del otro sin intención meramente de externarlo. Nadie escucha a nadie. La comunicación es nula, no siempre intervienen los sentimientos, sólo se hablan a sí mismos. Como en El llano en llamas, los narradores son quienes cuentan la historia en diferentes turnos, quienes la corrigen y a través de múltiples versiones personales van entrelazando la obra. Por eso el inicio de la novela es narrado desde una tumba. Todo va en retroceso para luego concluir con un tiempo relativamente presente. Son fantasmas sin espacio ni tiempo que afirman una materialidad irreal donde todos están muertos.


El contexto, un pueblo viejo que sabe a desdicha y abandono. Que vive sus muertes y su muerte como si fuera la única forma de perpetuar su existencia por lo menos en los recuerdos: Comala, donde la tierra se desmorona imperceptiblemente, donde arde, quema como si pareciera -como dijo el arriero- que estuviera cerca del mismo infierno. Todas las desgracias tienen un sitio, un origen; el de la historia de Rulfo se desarrolla aquí en Comala, donde Pedro Páramo fue cacique cruel y despiadado, donde la madre de Juan Preciado vivió su gloriosa época de juventud. Un pueblo habitado sólo al aparecer los rumores, evocaciones y ecos, pies que se arrastran. Donde todo envejece, se añeja, pero no desaparece y sin embargo se petrifica para detenerse en el tiempo y permanecer.


Pedro Páramo se define, no concretamente, sino a través de meras especulaciones, sospechas que nos llevan a un conocimiento definido de algo que es condicional. Son los fantasmas que nos acercan a él a través de los rumores. Que aparece como eso, un rumor y poco a poco va tomando forma, identidad, parte de la historia hasta apoderarse de ella. Subordinando a los demás personajes, dominando el espacio. Toma el mando de la historia, lo acapara todo, lo controla todo, no tienen piedad de nada ni nadie. Pero su vitalidad y enérgica existencia se ve mermada hasta el punto de la extinción con la desaparición de lo imposible de dominar: Susana San Juan, la representación del amor, la única cosa de la que no fue dueño. Inician los rumores individuales seguidos de colectivos que solamente hablan de muerte; porque la historia inicia y recae siempre ahí: la muerte.


Juan Rulfo encuentra y generaliza la subjetividad abordada tantas veces por sus antecesores, contrastada con su realidad inmediata, posesionándose también de ella, volviéndola su simbolismo, el algoritmo con que su mundo puede ser descifrado. Trazandolo desde la línea de  la fatalidad vivificada a través de la muerte, desde la angustia donde sólo el hombre compatriota de su época -y de la nuestra- puede asimilar e identificarse. Realidad a la que se arraiga, se aferra, sobre todo si se trata de la pieza clave de su esencia. 


Juan Rulfo. Pedro Páramo y El llano en llamas. (2000) Edit. Planeta.

Comentarios

  1. La realidad en Rulfo, es precisamente, la conclusión violenta de dos revoluciones paralelas: la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera. Estos dos hechos históricos, paralelos como he dicho, se anudan y se encuentran en ese “odio primitivo”, en esa brutalidad del hombre. Difiero un tanto con tu cita de Mariano Azuela: alejado en demasía-a mi parecer-de los puntos fundamentales en Rulfo. Comparto la mención de Revueltas- ya que al igual que Rulfo- vivió un poco en su niñez de estas dos catástrofes históricas. Y lo retratable en ambas partes precisamente es esa realidad devastada que dejaron las guerras, esa pobreza nacional.
    Otra diferencia: Juvencio Nava no muere, al parecer con esa sed de justicia, más bien con una esperanzada redención. El cuento retrata fríamente la ley del talión, de allí la angustia interna y la presencia irrevocable de los hechos externamente.
    Por lo demás debo confesarte que me has ganado con un ensayo rulfiano, puesto que yo he intentado desde dos meses pasados, escribir algo sobre Talpa y quizá lo haga. En particular hay errores de dedos visibles, que son perdonables pero deben ser corregidos.

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  2. Gracias Amigo, sabes que tus palabras siempre son bien recibidas y la base del oficio. Por tomarte el tiempo de leer y señalar, gracias nuevamente. Haré las correcciones correspondientes. Un abrazo!

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