V

La poesía también condena:
se enraízan las palabras a los dedos, a los
labios;
se vierte el alma en la tinta
y asoma del corazón una humedad de imágenes.

Así principia el cautiverio
se surcan rumbos de nostalgia
inician las horas desgarrando el tiempo
en que me susurra tu ausencia.

¿Cómo te metes en mis manos?
¿Cómo te me encarnas a los sueños?
Empecinado ser de tumultuosos deseos.

La cronología se abstiene de tí
los días son lagunas de sol
las noches tierra firme de misterios escuetos.

Te busca el corazón en tu penumbra
es desasosiego latente
y la calma
carne que se palma

¿Dónde?
¿Cuándo?
¿Cómo te encarnas?

Somos producto homogéneo
de soledad y coincidencia,

de las alas que se encausan.

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